lunes, 23 de mayo de 2022

Lucas 7

 

Lucas 7

1 Jesús terminó de hablar con el pueblo y entró en Cafarnaún.

2 Allí había un centurión que tenía un siervo al que amaba mucho, el cual estaba a punto de morir.

3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, envió a unos ancianos de los judíos para que le rogaran que fuera a sanar a su siervo.

4 Ellos fueron a hablar con Jesús, y con mucha insistencia le rogaron: «Este hombre merece que le concedas lo que pide, 5 pues ama a nuestra nación y nos ha construido una sinagoga.»

6 Jesús se fue con ellos, y ya estaban cerca de la casa cuando el centurión envió a unos amigos suyos, para que le dijeran: «Señor, no te molestes. Yo no soy digno de que entres en mi casa. 7 Ni siquiera me consideré digno de presentarme ante ti. Pero con una sola palabra tuya mi siervo sanará.

8 Yo mismo sé lo que es estar bajo autoridad, y lo que es tener soldados bajo mis órdenes. Si a uno le digo “Ve allá”, él va; y si a otro le digo “Ven acá”, él viene; y si a mi siervo le digo: “Haz esto”, lo hace.»

9 Cuando Jesús oyó esto, se quedó admirado del centurión. Se volvió entonces a la gente que lo seguía, y dijo: «Quiero decirles que ni siquiera en Israel he hallado tanta fe.»

10 Los que habían sido enviados regresaron entonces a la casa, y se encontraron con que el siervo ya estaba sano.

11 Después Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naín. Lo acompañaron muchos de sus discípulos, y una gran multitud. 12 Cuando se acercó a la puerta de la ciudad, vio que llevaban a enterrar al hijo único de una viuda. Mucha gente de la ciudad acompañaba a la madre.

13 Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: «No llores.»

14 Luego se acercó al féretro y lo tocó, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús dijo: «Joven, a ti te digo, ¡levántate!»

15 En ese momento, el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.

16 El miedo se apoderó de todos, y unos alababan a Dios y decían «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y otros más decían «Dios ha venido a ayudar a su pueblo.»

17 Y la fama de Jesús se difundió por toda Judea y por toda la región vecina.

18 Los discípulos de Juan fueron a contarle todas estas cosas. Entonces Juan llamó a dos de sus discípulos, 19 y los envió a Jesús para que le preguntaran: «¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?»

20 Aquellos fueron a ver a Jesús, y le dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado para que te preguntemos si eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro.»

21 En ese mismo momento, Jesús sanó a muchos que tenían enfermedades, plagas y espíritus malignos, y a muchos ciegos les dio la vista.

22 Entonces Jesús les respondió: «Vuelvan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres se les anuncian las buenas noticias.

23 ¡Bienaventurado el que no tropieza por causa de mí!»

24 Cuando los mensajeros de Juan se fueron, Jesús comenzó a decir a la gente acerca de Juan: «¿Qué fueron ustedes a ver al desierto? ¿Querían ver una caña sacudida por el viento?

25 ¿O qué fueron a ver? ¿A un hombre vestido con ropa elegante? Los que se visten con ropa elegante y disfrutan de grandes lujos, están en los palacios de los reyes.

26 Entonces, ¿qué es lo que ustedes fueron a ver? ¿A un profeta? Pues yo les digo que sí, ¡y a alguien mayor que un profeta!

27 Porque éste es de quien está escrito:

»“Yo envío mi mensajero delante de ti, para que te prepare el camino.”

28 Yo les digo que, entre los que nacen de mujer, no hay nadie mayor que Juan el Bautista. Aun así, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.»

29 Al oír esto, todo el pueblo y los cobradores de impuestos reconocieron la justicia de Dios y se bautizaron con el bautismo de Juan.

30 Pero los fariseos y los intérpretes de la ley rechazaron el propósito de Dios respecto de sí mismos, y no fueron bautizados por Juan.

31 El Señor agregó: «¿Con qué compararé a la gente de esta generación? ¿A qué puedo compararlos?

32 Son como los niños que se sientan en la plaza y se gritan unos a otros: “Tocamos la flauta, y ustedes no bailaron; entonamos cantos fúnebres, y ustedes no lloraron.”

33 Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y ustedes decían: “Tiene un demonio.”

34 Luego vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y ustedes dicen: “Este hombre es un glotón y un borracho, amigo de cobradores de impuestos y de pecadores.”

35 Pero a la sabiduría la reivindican sus hijos.»

36 Uno de los fariseos invitó a Jesús a comer, así que Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa.

37 Cuando una mujer de la ciudad, que era pecadora, se enteró de que Jesús estaba a la mesa, en la casa del fariseo, llegó con un frasco de alabastro lleno de perfume. 38 Llorando, se arrojó a los pies de Jesús y comenzó a bañarlos con lágrimas y a secarlos con sus cabellos; también se los besaba, y los ungía con el perfume.

39 Cuando el fariseo que lo había convidado vio esto, pensó: «Si éste fuera profeta, sabría que la mujer que lo está tocando es una pecadora.»

40 Entonces Jesús le dijo: «Simón, tengo que decirte algo.» Simón dijo: «Dime, Maestro.»

41 «Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta. 42 Como ninguno de los dos podía pagarle, les perdonó la deuda a los dos. Ahora, dime: ¿cuál de ellos lo amará más?»

43 Simón le respondió: «Me parece que aquel a quien le perdonó más.» Y Jesús le dijo: «Tu juicio es correcto.»

44 Entonces se volvió a la mujer y le dijo a Simón: «Mira a esta mujer. Cuando llegué a tu casa, no me diste agua para lavarme los pies, pero ésta los ha bañado con sus lágrimas y los ha secado con sus cabellos. 45 No me diste un beso, pero ésta no ha dejado de besarme los pies desde que entré. 46 No ungiste mi cabeza con aceite, pero ésta ha ungido mis pies con perfume.

47 Por eso te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.»

48 Y a ella le dijo: «Tus pecados te son perdonados.»

49 Los que estaban sentados a la mesa con él, comenzaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que también perdona pecados?»

50 Pero Jesús le dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Ve en paz.»

 

JESUS SIGUE SANANDO Y SALVANDO

1.       Jesús sana al siervo del centurión (v.1-10)

En Capernaúm, había un centurión que tenía un siervo que estaba por morir. Oyendo de Jesús, mandó a uno ancianos judíos para que le rueguen y lo sane. Fueron y le insistieron porque ama a Israel  y fueron juntos a su casa. En el camino, el centurión mandó a unos amigos con el mensaje de que no es digno de que entre en su casa ni de verlo, sólo que le pide que diga Su Palabra y el siervo sanará. El centurión  confió en la autoridad de Cristo. Jesús se quedó admirado de su grande fe. Los siervo volvieron a su casa y el siervo estaba sano.

Preg.Aplic.: ¿Qué estoy haciendo cuando enfrento enfermedad o situaciones de pruebas?, ¿estoy yendo en oración y fe donde Jesús para clamar por sanidad?, ¿creo que Dios es soberano y toda autoridad sobre los imposibles?, ¿creo y confío en el actuar de Dios?, ¿soy un persona de fe?

2.       Jesús resucita al hijo de una viuda (v.11-17)

Luego Jesús va con sus discípulos y una gran multitud y ve a una viuda que llevaba a enterrar  a su único hijo y se compadece de ella. El Señor ordena al joven muerto a que se levante. El joven se levantó, habló y fue entregado a su madre. Hubo miedo y otros alababan a Dios por su profeta y por su ayuda. Y la fama de Jesús se extendió por Judea y otras más.

Preg.Aplic.: ¿Creo en el poder de Dios que puede levantar con vida a los muertos?, ¿estoy glorificando a Dios por sus milagros en mi vida hoy?, ¿estoy anunciando a otros de Jesús?, ¿comparto mi fe con otros y los animo a confiar en Cristo?

3.       Juan y sus discípulos ven que Jesús es el Mesías venidero (v.18-23)

Los discípulos de Juan el bautista le comentan las obras de Jesús y él manda a dos discípulos a preguntarle si es el Mesías. Llegaron y le preguntaron a Jesús, él comenzó a  sanar a muchos que tenían enfermedades, plagas, endemoniados y ciegos. Les pide a los discípulos de Juan que le cuenten que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se anuncias buenas nuevas. El que cree en Jesús es bendecido, pero el que lo rechaza es tropiezo para si mismo.

Preg.Aplic.: ¿Creo que Jesús es el Mesías?, ¿estoy orando por los enfermos?, ¿está el Señor usando mi vida para sanar a las personas con Su poder?, ¿está hoy Dios obrando con poder en mi vida y en mi sociedad?, ¿hay milagros poderosos hoy en mi iglesia?

4.       Juan el bautista el más grande profeta (v.24-35)

El Señor Jesús habla de Juan el bautista que predicaba en el desierto y no era alguien con poder y lujos. Al contrario, fue más que un profeta fue el mensajero de Dios que preparó el camino al Mesías. Jesús señala que no ha nacido nadie mayor que Juan, aunque los humildes ante Dios son mayores que él.

Luego, muchos fariseos se arrepintieron y se bautizaron. Al contrario, los fariseos rechazaron a mensaje de Dios no se arrepintieron y no se bautizaron con Juan.

El Señor enseña que esa generación es inestable y cambiante sin fe y juzgadora. Por un lado, a Juan el Bautista lo juzgaban por que no comía ni bebía, pero luego vino Jesús el Mesías y decían que era un glotón y borracho y que andaba con los fariseos. Pero la sabiduría se muestra con los actos.

Preg.Aplic.: ¿Qué estoy priorizando en mi vida, poder, lujos?, ¿estoy siendo fiel al llamado de Dios como lo fue Juan?, ¿soy un profeta humilde ante Dios?, ¿estoy reconociendo mis pecados ante Dios y he arrepentido de los mismos?, ¿o hay dureza y rebeldía en mi corazón?, ¿tengo un vida inestable y juzgadora?, ¿o soy una persona sabia que muestra estabilidad en sus actos?

5.       Mujer arrepentida unge a Jesús con perfume (v.36-50)

Jesús va a comer a casa de un fariseo y una mujer se enteró de que estaba ahí y llegó con un frasco de perfume. Llorando se arrojó a sus pies y comenzó a bañarlo con lágrimas y secarlo con sus cabellos y lo ungía con perfume. Simón el fariseo juzga a Jesús por dejarse tocar por una pecadora. Por ello, para enseñar Jesús le cuenta la historia de un acreedor que tenía dos deudores de 500 y de 50 denarios. Como no pudieron pagarle les perdonó la deuda. Quien el amará más?, pregunta Jesús. A quien más perdonó dice Simón. Jesús le afirma y le confronta que no le dio agua para sus pies ni un beso ni le ungió con aceite, pero la mujer le ha bañado con sus lágrimas, secado con sus cabellos, le ha besado sus pies y le ha ungido con perfume. Ella arrepentida de sus pecados ama más a Dios por el perdón de sus muchos pecados. Y le dijo a la mujer que sus pecados son perdonados, tu fe te ha salvado vete en paz le dijo. Los presentes estaban sorprendidos.

Preg.Aplic.: ¿Estoy corriendo en oración a Dios en arrepentimiento por mis pecados?, ¿me humillo sobre la realidad de tantos pecados que Dios me ha perdonado?, ¿amo más a Dios hoy?, ¿adoro a Dios en mi corazón y con mis actos?, ¿mi conducta refleja un verdadero arrepentimiento?

 

Oremos,

 

Pedro A. Torres Guzmán

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Pueden ver el video de la aplicación del devocional en el link:

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Equipo AATC