jueves, 16 de octubre de 2014

Salmos 73

Salmos 73
1 ¡Ah, Dios es bueno con Israel, con los limpios de corazón!
2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; poco faltó para que mis pasos resbalaran.
3 Y es que tuve envidia de los arrogantes, al ver cómo prosperaban esos malvados.
4 Ellos no se acongojan ante la muerte, pues están llenos de vigor.
5 No se afanan ni se ven golpeados como el resto de los mortales.
6 La soberbia es su corona, y la violencia es su vestido.
7 Tan gordos están que los ojos se les saltan; siempre satisfacen los apetitos de su corazón.
8 Entre burlas hacen planes malvados y violentos, y siempre hablan con altanería.
9 Con su boca ofenden al cielo, y con su lengua denigran a la tierra.
10 Por eso el pueblo de Dios se vuelve a ellos, y absorben sus palabras como si bebieran agua.
11 Hasta dicen: «¿Cómo va a saberlo Dios?. ¡De esto no se enterará el Altísimo!»
12 ¡Bien puede verse que estos impíos se hacen ricos sin que nada les preocupe!
13 ¡Ah!, pero de nada me ha servido mantener mi corazón y mis manos sin pecado, 14 pues a todas horas recibo azotes y soy castigado todas las mañanas.
15 Si acaso llegara yo a hablar como ellos, estaría traicionando a la generación de tus hijos.
16 Me puse a pensar en esto para entenderlo, pero me resultó un trabajo muy difícil.
17 Sólo cuando entré en el santuario de Dios, pude comprender en lo que ellos van a terminar.
18 ¡Ah!, pero tú vas a hacerlos resbalar; vas a hacerlos caer en desgracia.
19 ¡En un instante acabarás con ellos!, ¡Perecerán por completo, consumidos de terror!
20 Como quien despierta de un sueño, cuando tú, Señor, despiertes, harás que se desvanezcan.
21 Yo tenía el alma llena de amargura, y sentía que el corazón me punzaba.
22 Era yo tan torpe que no podía entenderlo; en tu presencia, era yo como una bestia.
23 Y no obstante, siempre he estado contigo; tú me has tomado de la mano derecha, 24 me has guiado para seguir tu consejo, y al final me recibirás en gloria.
25 ¿A quién tengo en los cielos? ¡Sólo a ti!, ¡Sin ti, no quiero nada aquí en la tierra!
26 Aunque mi cuerpo y mi corazón desfallecen, tú, Dios mío, eres la roca de mi corazón, ¡eres la herencia que para siempre me ha tocado!
27 Es un hecho: los que se alejan de ti perecerán; ¡tú destruirás a todos los que de ti se aparten!
28 En cuanto a mí, ¡qué bueno es estar cerca de ti!. ¡En ti, Señor, he puesto mi esperanza para proclamar todas tus obras!

EL SALMISTA DECIDE CONFIAR EN DIOS
1.       La realidad del salmista (v.2-22)
Casi cae envidiando la prosperidad de los malos. Estos desafían a Dios y a su pueblo. Se queja porque ve que no le ha servido ser íntegro, pero buscando a Dios entendió que el Señor hará justicia con ellos, aunque al inicio fue como una bestia.
Preg.Aplic.: ¿Estoy envidiando la prosperidad de los incrédulos?, ¿estoy viviendo en contentamiento o en queja ante Dios?
2.       La adoración del salmista (v.1; 23-28)
Dios siempre ha estado con él. Y el salmista ha puesto su esperanza en el Señor y confía totalmente en El.
Preg.Aplic.: ¿Reconozco a Dios en todos mis caminos?, ¿confío totalmente en Dios?

Oremos,

Pedro A. Torres Guzmán
Equipo AATC


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