viernes, 17 de octubre de 2014

Salmos 74

Salmos 74
1 Dios nuestro, ¿por qué nos has desechado para siempre?, ¿Por qué te has enojado contra las ovejas de tu prado?
2 Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos, la que rescataste para hacer de ella tu propio pueblo; acuérdate del monte Sión, donde has habitado.
3 Ven a ver estas ruinas interminables: ¡mira cuánto daño ha hecho el enemigo en tu santuario!
4 En medio de tus asambleas tus enemigos vociferan; han izado sus banderas en señal de victoria.
5 Levantan sus hachas y hacen destrozos, como leñadores en medio de un tupido bosque.
6 ¡Todos los tallados en madera los han hecho pedazos con sus hachas y martillos!
7 ¡Le han prendido fuego a tu santuario!, ¡Han profanado y derribado el tabernáculo a tu nombre!
8 Se dijeron: «¡Destruyamos todo de una vez!», y quemaron todas las sinagogas de Dios en la tierra.
9 ¡Ya no vemos nuestras banderas!, ¡Ya no hay profetas entre nosotros, ni nadie que nos diga cuánto más tenemos que aguantar!
10 Dios nuestro, ¿hasta cuándo nos afrentará el enemigo?, ¿Hasta cuándo el enemigo ofenderá tu nombre?
11 ¿Por qué te quedas cruzado de brazos?, ¿Por qué escondes en el pecho tu diestra?
12 Dios mío, tú eres mi rey desde tiempos antiguos; tú eres quien salva en medio de la tierra.
13 Con tu poder; partiste el mar en dos y en las aguas rompiste las cabezas de los monstruos.
14 Aplastaste las cabezas del leviatán, y lo diste por comida a los habitantes del desierto.
15 Abriste los manantiales y los ríos, y dejaste secos torrentes impetuosos.
16 Tuyo es el día, tuya es también la noche, pues tú estableciste el sol y la luna.
17 Tú estableciste todos los límites de la tierra, y formaste el verano y el invierno.
18 Acuérdate, Señor, que el enemigo te ha ofendido, y que un pueblo insensato ha blasfemado tu nombre.
19 ¡No entregues a las fieras la vida de tus tórtolas!, ¡No olvides para siempre a tu pueblo afligido!
20 Acuérdate del pacto que hiciste con nosotros, pues la tierra está llena de oscuridad y violencia.
21 No permitas que los afligidos sean avergonzados; así alabarán tu nombre los afligidos y los menesterosos.
22 Dios mío, ¡levántate y defiende tu causa!. Acuérdate que los necios te ofenden cada día.
23 No te olvides de los gritos de tus enemigos, cuyo alboroto a todas horas va en aumento.

EL SALMISTA CLAMA A DIOS
1.       El salmista expresa su desazón (v.1-11)
El salmista piensa que Dios se ha enojado con Israel porque está en ruinas y sus enemigos los han humillados. Estos han profanado el templo. Pide que el Señor intervenga.
Preg.Aplic.: ¿Estoy pensando que Dios me ha dejado porque enfrento muchas dificultades?, ¿estoy dejando de confiar en el Señor?
2.       El salmista reconoce la grandeza de Dios (v.12-23)
El salmista clama para Dios salve a su pueblo. Dios es soberano de Su creación y manifiesta en ella Su poder. El salmista clama y pide que intervenga por Israel ante los malvados que no temen a Dios.
Preg.Aplic.: ¿Estoy reconociendo que Dios es soberano y tiene control de todo?, ¿estoy clamando para que Dios obre milagros hoy?

Oremos,

Pedro A. Torres Guzmán
Equipo AATC


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